29 de diciembre de 2010

Lejos de lo esperado, o cuando el prejuicio delata nuestro engaño.




El estilo es lo que quedará, casi siempre, después de observar frecuentemente a alguien..., o a algo creado por alguien. La heurística ha tenido, como disciplina científica, una aplicación muy amplia en la vida, pero en Psicología, por ejemplo, indicará la capacidad más creativa para identificar y resolver problemas, es decir, para explicar cómo utilizar mejor el juicio de una forma sencilla, y tratar ahora así de solucionar un problema cuando éste sea muy difícil o nos ofrezca una información incompleta. La heurística es, realmente, un atajo mental..., entre otras cosas para ahorrar energía. Generalmente, así actuará la intuición a veces, y funcionará así también en algunos casos. Pero, sin embargo, nos puede llevar a errores en los juicios que tomemos sobre las cosas, y, lo que es mucho peor, sobre las propias personas.

Y así mismo, en la Historia del Arte, los pintores han sido muy catalogados por su estilo, por esa peculiar característica que los hace identificables al pronto. Es cierto que no es tan sencillo realizar una autoría de una obra artística cuando ésta se ignora por completo. Los expertos utilizarán procedimientos científicos para ello. Pero algunos creadores tienen una huella marcada en su creación..., una que identificaremos a veces nada más verla. Aquí he querido mostrar unos pocos ejemplos de cómo algunos autores han creado, en ocasiones, obras muy diferentes a lo que se esperaba de ellos... Pero, ahora, lo han hecho ellos así, sin embargo, son capaces de hacerlo así, de otra forma a cómo esperamos de ellos, pueden ellos hacerlo también así... ¿Nos engañarán? En absoluto. Parecen de otros las obras esas, sí, pero, sin embargo, son de ellos mismos. Nos engañaremos nosotros.

Con los seres humanos sucederá igual... A veces, esperamos de los demás lo mismo que creemos saber de ellos. Es como más se han prodigado los demás, lo que nos hará generar el juicio inmediato de ellos. Y, así, nuestro cerebro ahorrará caminos y espacios para, equivocadamente, relacionar acción-imagen-actitud-comportamiento-pensamiento con la esencia única del que lo exprese una vez o con más frecuencia. Pero, no es así. Somos como las obras de Arte, infinitas, indelimitadas, sorprendentes, mudables... Aun así, la catalogación seguirá siendo la manera en que creeremos pensar mejor para ordenar la realidad. Sin embargo, la realidad no es ordenada. Otra cosa es que sus conclusiones lo sean, pero éstas, para serlo, requerirán un estudio mucho más prolijo del que realizaremos brevemente -heurísticamente- con esa realidad de donde provienen aquéllas. Los seres humanos no somos unidireccionales, y, casi siempre, tendremos más razones de la única razón que, a veces, los demás nos asignen en ocasiones.

(Óleo sobre tabla, La subasta de madera, 1883, Vincent Van Gogh, Amsterdam; Cuadro El pintor en su estudio, de Rembrandt, 1629, Boston, EEUU; Óleo de Velázquez, Cabeza de Apóstol, 1620, Museo Bellas Artes, Sevilla; Óleo de Sorolla, Árabe con pistola, 1885; Cuadro al pastel, Étretat, Monet, Particular; Óleo de Kandinsky, Grabiele Münter, 1905, Munich; Óleo La Primera Comunión, 1896, Picasso; Cuadro de Dalí, Anochecer, Barracas de Port Lligat, 1953; Óleo sobre tabla, Un Ballestero (Detalle), del pintor El Bosco, Museo del Prado, Madrid.)

23 de diciembre de 2010

Tres pioneros de hace casi cien años: el cine, la aventura y una Navidad.




El día después de la tragedia del Titanic -el 16 de abril de 1912- una mujer norteamericana, Harriet Quimby (1875-1912), conseguiría sobrevolar a bordo de un monoplano el canal de la Mancha entre Francia e Inglaterra. Era la primera mujer que lo lograba, después de que el primer hombre, Louis Bleriot, lo hiciese tres años antes con un avión que él mismo había diseñado. Ese hundimiento tan importante del Titanic desluciría por entonces la hazaña de esa aviadora, también escritora y periodista.

Harriet Quimby se había empeñado desde el año 1910 en volar en avión, cuando entonces aprendiera a hacerlo después de presenciar un festival aéreo ese mismo año en Nueva York. Fue la primera mujer norteamericana en obtener una licencia para pilotar aviones. Dedicada al periodismo durante toda su vida, tuvo la oportunidad de escribir algunos guiones para el nuevo arte cinematográfico, ese arte que, también por entonces, comenzara su andadura. En la ciudad de San Francisco, donde ella vivió unos años, conocería al director de cine D.W.Griffith (1875-1948), y éste le llegaría a ofrecer la posibilidad de escribir los guiones de algunos de sus cortos para la productora American Mutuscope and Biograph.

D.W.Griffith fue uno de los grandes pioneros del cine norteamericano que desarrollaría unas técnicas que, posteriormente, muchos otros creadores cinematográficos imitaran. Las primeras superproducciones de la historia del cine las llevaría a cabo él, pero también realizaría cortometrajes y otras filmaciones menores, donde entonces emplearía, por primera vez en la historia, planos muy difíciles ahora en plena naturaleza. Como lo hiciera en la película Las dos tormentas, del año 1920, donde consiguió rodar escenas con un dramatismo y una duración extraordinarias. En ese rodaje la interpretación de la genial actriz Lillian Gish contribuyó a hacer de la película una  magistral obra de Arte.

Tres meses después de su éxito, Harriet Quimby participaría en una celebración aérea en Boston (EEUU), donde, a los mandos del mismo monoplano Bleriot, demostraría ella sus habilidades aeronáuticas. En esa ocasión le acompañaría en el aparato el propio organizador del festival. Cuando estaban a punto de aterrizar, en un movimiento brusco de bajada, el pasajero que iba en el asiento trasero del avión se avalanzaría hacia afuera cayendo ahora justo por encima de Harriet con tal fuerza que la arrastraría también a ella. Salieron despedidos los dos, ya que no estaban sujetos por ningún cinturón que llevaran puestos. Fallecieron ambos. Es curioso que el avión, sin embargo, planeara solo, durante un largo recorrido, consiguiendo aterrizar solo, con muy leves daños, y en una pista de barro cercana al mismo aeródromo desde donde habían salido.

El entomólogo, pintor, fotógrafo y caricaturista ruso -de origen polaco- Wladislaw Starewics (1882-1965), siempre sentiría una gran pasión por filmar a insectos... Fue tanto su afán por obtener ahora unos planos científicos y divulgativos muy impactantes para entonces, comienzos del siglo XX. Como no consiguió que los insectos fuesen unos actores dóciles, no se le ocurrió otra cosa que hacer marionetas con ellos, tanto con las patas, abdómenes y cabezas de esos insectos ahora muertos. Filmó, fotograma a fotograma, a esos muñecos animados, obteniendo por primera vez lo que se denominó algo después como stop-motion. Así desarrollaría innumerables filmaciones de animación con insectos, algo que lo llevaría a ser un pionero en ese tipo de cine de animación.

En la navidad del año 1913 sorprendió Starewics con su película La Navidad de los insectos, una maravillosa producción donde su creatividad técnica estuvo a la par de una excelente y emotiva historia. A la vez, realizaría una genial dirección que, para su época tan temprana, muestra ya la tendencia que, años más tarde, llevarían todas las películas de ese mismo tipo. Más abajo muestro ese corto de animación de Starewics, uno donde aprovecho ahora así, también, para comunicar a todos el recuerdo entrañable de esta nostálgica celebración navideña...

Tres historias de los inicios, hace cien años casi, de actividades que marcaron una época extraordinaria. Tres historias que nos demuestran cómo el ser humano innovará siempre, como si ahora un hilo invisible e irresistible le tirase a él mismo -al ser humano innovador- de no se sabe muy bien dónde... La aventura y la creatividad. Dos cosas muy acompasadas en la vida, aunque ambas tendrán un final que, casi siempre, se desconocerá... Pero que, ese mismo final, siempre se perseguirá de una o de otra forma. Y se perseguirá siempre, además, como si en ello mismo se llevara así la vida de los que lo crean, lo realizan o lo hacen.

(Fotografía de Harriet Quimby, 1911; Harriet con su monoplano Bleriot, 1912; Fotografía de Harriet en su monoplano, 1912; Fotografía de Louis Bleriot en su monoplano en julio de 1909, cuando cruzó por primera vez el Canal de la Mancha; Retrato de Harriet Quimby, 1912; Fotografía del aviador francés Louis Bleriot, 1909; Fotografía de Harriet con su monoplano, 1912; Fotografía de D.W. Griffith, 1921; Fotografía del rodaje de la película de Griffith, América, 1924; Autorretrato de Wladislaw Starewics, 1939; Starewics rodando con su cámara.)

Vídeos de: Recreación infográfica del accidente de Harriet Quimby; Película de D.W.Griffith, Las dos tormentas, 1920; Corto de Wladislaw Starewics, La Navidad de los insectos, 1913:

20 de diciembre de 2010

El Eros bíblico y el Arte, o la sutil y bella forma de sublimar el deseo.





Cuando en el año 1562 una monja del convento Sancti Spiritus de Salamanca (España) le pidiera al monje agustino fray Luis de León (1527-1591), insigne profesor de la Universidad de esa ciudad española, que le tradujese uno de los libros de la Biblia, El Cantar de los Cantares, nunca supuso el erudito y bardo agustino que aquello le llevaría a la cárcel por casi cuatro años. En ese relato se contaban escenas de amor de un verismo y una belleza extraordinarios. También se han asociado a los amores adúlteros que el rey Salomón sentiría por su amada, en algunos casos traducida ésta como la famosa reina de Saba. Ha sido la Biblia una recopilación de escritos realizados durante casi 1000 años. Hasta el nacimiento de Jesucristo los libros reunidos en ese texto -primeramente escritos en hebreo, después en arameo y más tarde en griego- se denominaron Torá por los judios y Pentateuco por los cristianos. Luego el Nuevo Testamento completaría este último para la nueva religión cristiana impulsada por san Pablo en el siglo I. Las dos grandes fuentes mitológicas que han configurado culturalmente la civilización occidental han sido por un lado la griega, y sus obras de dioses y héroes, y por otro lado la hebrea, y sus leyendas y relatos bíblicos.

Pero, para ser unos libros en los que se basaron algunos para concienciar moral y espiritualmente al pueblo elegido y por elegir, la Biblia contiene todo un variopinto relato entrecruzado de historias de hombres y mujeres, de pasiones, seducciones, engaños, deseos, desinhibiciones, sensualidad y erotismo. Como escritos traducibles e interpretables muy antiguos, han sido susceptibles de ser observados, censurados y maquillados tanto por una tendencia rabínica como por los diferentes concilios cristianos. En el Génesis, por ejemplo -primer libro de todos-, existe además una diferente interpretación judía del siglo V que nos cuenta que Eva no existió aún en el sexto día de la creación. Y que Adán, ahora solo, unicamente por entonces con los animales, sentiría la necesidad genital de una pareja acorde con su anatomía. Entonces Yahvéh crearía, del mismo modo a como antes había creado al hombre, a Lilith, una decidida y deseosa mujer muy independiente e insaciable. A diferencia del relato de Eva, Lilith no se entendería nunca con Adán, así que ella lo abandonaría marchándose del Paraíso. Más allá del mar Rojo, Lilith se relacionaría ahora con unos íncubos (demonios), dando así lugar a una descendencia maldita en la Tierra.

Y luego llegaría Sodoma... y la depravación más alarmante a la que pudiese llegar una ciudad. Yahvéh enviaría a unos ángeles para avisar al único hombre virtuoso que la habitaba que saliese de allí, antes de que el Señor enviase toda clase de destrucción sobre la población maldita. Sólo le pedirían una cosa a cambio: que cuando él -Lot y su familia abandonasen Sodoma, no se volviesen nunca atrás para mirarla. De ese modo Lot, su esposa y sus dos hijas se marcharon antes de que las llamas del cielo sofocaran la ciudad. Pero, al llegar a una cima, la mujer de Lot no lo pudo evitar, y miró atrás. Su cuerpo, inmediatamente, se transformaría en una inmóvil piedra de sal. Después Lot y sus hijas deambularon solos durante muchos años. Entonces las hijas de Lot sintieron una irrefrenable necesidad de reproducirse, pero, ahora, sin embargo, sólo pudieron seducir a su propio padre -el único hombre disponible- en un intento incestuoso de cumplir así con su natural y genético cometido.

Los reyes de Israel fueron grandes héroes que, como el dios mitológico Zeus, dejarían desatadas sus pasiones con toda clase de historias adúlteras. La Biblia recoge el relato de Betsabé, hermosa esposa de Urías, de la cual queda el rey David tan enamorado que no sólo comete adulterio, sino que asesina a Urías en un intento desesperado por poseerla totalmente. Mucho antes se cuenta en el Génesis la historia de Judá -hijo de Jacob-. Éste tuvo tres hijos, Er, Onán y Selat. El primero se casaría con la bella Tamar, falleciendo antes de poder tener con ella su primer hijo. Según la tradición judía, la mujer del hijo fallecido debía casarse inmediatamente con el hermano del finado, para enmendar así el frustrado destino familiar. Pero Onán -el siguiente hermano-, conocedor de la ley que le impedía reconocer los hijos que tuviese con Tamar como suyos propios, se negaría a yacer con ella. De ahí proviene el término onanismo, o la práctica de eyacular solo o sin sentido. Así que como el otro hijo -el otro hermano- aún era pequeño, Tamar toma la decisión desesperada de seducir a su suegro, sin que éste lo supiese, pasándose ahora por una misteriosa y seductora concubina -ramera-; por fin, conseguiría así ella quedarse embarazada de ese necesitado y salvador linaje.

Otra Tamar de la Biblia fue la hermosa y bella hija del rey David y su esposa Maacá. Su hermanastro Amnón, el hijo que David tuvo con su otra esposa Ahinoam, no pudo evitar la irrefrenable pasión que sintiera ahora por la bella y sensual Tamar. Así que, como no podría poseerla, la forzaría una noche atrayéndola a sus habitaciones y allí acabar por violarla. Otra leyenda, la de José, hijo también de Jacob, nos trae otra historia de pasión incontenida. Cuando José fuera secuestrado por sus hermanos y desterrado a Egipto consigue él luego, gracias a sus habilidades adivinatorias y su buen juicio, trabajar para Putifar, un alto funcionario de la corte egipcia. Pero la esposa de éste siente ahora por José un deseo irresistible, deseo que la lleva a obligarlo a estar con ella. Aquí la determinación virtuosa de José, el negarse a yacer con la esposa de su jefe, le acabará suponiendo la cárcel por el despecho malicioso de ella. Sin embargo, su providencialismo y habilidad le ayudarán a salir del presidio egipcio, incluso ahora muy resarcido y disculpado. Y así continuará el bíblico relato..., hasta llegar cerca del nacimiento de Jesús, cuando Herodes Antipas (20 a.C- 41 d.C.), tetrarca de Galilea, sentiría entonces una cruel y despiadada atracción por Salomé, la hija de su mujer Herodías.

Sólo quedarán Adán y Eva, los únicos seres que fueron manipulados en su deseo; probablemente no querían sufrirlo ni padecerlo -ese deseo-, aunque ellos se desearían solo con la pasión con la que estarían llevando a cabo, únicamente, el designio generador de su especie... Pero, entonces, algo les trastornaría a ellos, algo ajeno a ambos les hizo traicionar su destino placentero, natural y sosegado. Sólo ellos fueron los que tuvieron que sufrir por algo que no surgió ya de su propia determinación. La simbología imaginaria e iconográfica los representa a los dos con la reptil sierpe que los acabará manejando. Aunque también la seductora Lilith, según otras versiones, fuera entonces la culpable de que la pareja estable, tranquila y satisfecha, fuese, al fin, desterrada, marginada, ultrajada y despojada de aquel paraíso idílico en el que vivían tranquilos. Pero, en verdad, ¿sólo fue así, o quizá alguno verdaderamente lo quiso...?

(Óleo del pintor simbolista Franz von Stuck (1863-1928), Adán y Eva; Cuadro del pintor barroco Simón Vouet (1590-1649), Lot y sus hijas; Imagen del cuadro del pintor barroco italiano Guercino (1591-1666), José y la mujer de Putifar; Cuadro del mismo pintor, Amnón y Tamar; Óleo del pintor inglés figurativo Edward John Poynter (1836-1919) Visita de la reina de Saba al rey Salomón; Cuadro del pintor prerrafaelita John Collier (1850-1934), Lilith; Cuadro del pintor francés Vernet (1789-1863) Tamar y Judá; Cuadro del pintor Franz von Stuck, Salomé.)

18 de diciembre de 2010

La infamia interesada y la defenestración: el desastre de un pueblo y la tragedia de un cineasta.











La sociedad Thule fue una organización cultural creada en el año 1918 en Alemania por el barón Von Sebottendorff (1875-1945). Su principal interés fue el conocimiento del origen de la raza blanca, llegando a establecer su situación geográfica en la región escandinava. Sus contenidos esotéricos y sus formas parecidas a la masonería la hacían participar de elementos claramente ocultistas. Sin embargo, pronto otros miembros que se adhirieron a ella fueron utilizándola para otros objetivos, especialmente políticos. Ante una revuelta social en Baviera en el año 1919, organizada por algunos de sus miembros, el barón fue responsabilizado de los altercados y tuvo que abandonar Alemania. Pero aquella sociedad cultural continuaría, dirigida ahora con otros criterios muy distintos, éstos más políticos que culturales, y que comenzarían en los años veinte a ser cristalizados en el futuro Partido Nacional Socialista Alemán.

Uno de sus líderes por entonces pasaría a ser Dietrich Eckart (1868-1923), que en esos años veinte reclutaría al alemán de origen báltico (Estonia) Alfred Rosenberg (1893-1946). Con los años, éste pasaría a ser miembro del partido nazi (NSDAP) y defensor de las teorías antisemitas más radicales. En su ascenso en el partido alemán llegaría a ser Jefe de los Servicios Exteriores, ocupación donde empezaría a interesarse por la cultura europea hasta el punto de idear la apropiación de los bienes artísticos de los pueblos oprimidos, y que, por entonces, comenzarían los nazis a ocupar e invadir sistemáticamente.

De ese modo, cuando París fue tomada por los nazis en el año 1940, Rosenberg consiguió expoliar casi todo el patrimonio artístico francés. En julio de 1940 se crearía la EER (Einsatzstab Reichsleiter Rosenberg), una dependencia del Servicio Exterior alemán especialmente dedicada a la apropiación de bienes culturales. Entre los años 1933 y 1945 se llegaron a expoliar (tanto por la EER como por otros jerarcas nazis) un total de 650.000 obras de Arte entre cuadros, libros, esculturas, etc... Fueron ordenadas por Hitler, por un aficionado al Arte que, en sus años de juventud, pintaría algunos cuadros y admiraría a muchos grandes artistas. En noviembre de 1940 Alfred Rosenberg envió a Alemania una carta que decía: Me agrada poder informar al Führer que la pintura de Vermeer (El Astrónomo) ha sido encontrada entre las obras incautadas a Rothschild.

En los inicios del cine mudo americano uno de los primeros cómicos que el nuevo espectáculo tuvo la oportunidad de lanzar al estrellato fue al actor Roscoe Arbuckle (1887-1933). De gran personalidad y dotado de una especial agilidad, a pesar de sus 120 kilos de peso, conseguiría que el público le adorase con sus atrevidos y cómicos rodajes, donde combinaba la creación artística con la manida forma de atraer risas muy rentables a la productora. Fue el primero en obtener ganancias de más de un millón de dólares al año en ese nuevo mundo de sueños e imágenes. Pero la fatalidad quiso que en una fiesta en 1921, en un hotel de San Francisco, una de las participantes, Virginia Rappe (1891-1921), tuviese un desvanecimiento fatal que, días más tarde, le acabase provocando la muerte. Fue acusado Roscoe -falsamente- por una amiga de Virginia de haberla violado brutalmente. Arbuckle sería detenido, juzgado y absuelto finalmente. Pero ni el público ni las productoras le perdonaron jamás. Tuvo que cambiarse hasta el nombre, y sólo poder dirigir ya algunas pocas películas hasta que un fatídico ataque al corazón acabara con su vida en 1933.

Al acabar la Segunda Guerra Mundial se estableció el Tribunal Especial de Nuremberg para juzgar a algunos responsables de los crímenes nazis. Alfred Rosenberg sería entonces condenado, además de por sus actividades culturales fraudulentas, por ordenar crímenes contra la población. Fue sentenciado a morir en la horca en el año 1946. El verdugo que le ejecutó fue el sargento norteamericano John C. Wood (1903-1950), un suboficial que ya habría sido ejecutor de condenados militares antes de la guerra y que, en Nuremberg, participaría en varias ejecuciones de nazis. En toda su vida ejecutaría a unos 347 condenados. Pero, poco después de la guerra fue trasladado al Pacífico, donde moriría accidentalmente electrocutado por unos cables de alta tensión. Nunca se supo, realmente, si alguna maldición de sus ejecutados tuvo o no que ver en su final destino dramático...

Estas son sólo dos historias que señalan la infamia y la defenestración, tanto la de un pueblo como la de un hombre. Estas son algunas de las injusticias más ignominiosas que los prejuicios, los intereses espurios, las envidias, los celos, las leyendas y la falta de rigor con los demás, hicieron que la tragedia hubiese marcado las vidas tanto de algunos pueblos, en este caso el judío, como de algunos individuos, en este caso un actor. Y que aquellos seres malvados, los viles ejecutores ideólogos -todos, los evidentes y los no tanto-, elevados entonces en jueces inflexibles y endiosados, decidieran la suerte y la indignidad de sus fatídicos destinos. El filósofo inglés del siglo XVI Thomas Hobbes dejaría escrita ya esta sentencia terrible: El hombre es un lobo para el hombre; algunos pudieron comprobarlo así, trágicamente, a lo largo de toda la Historia.

(Cuadro expoliado por los nazis en 1940, El Astrónomo, del pintor holandés Vermeer, posteriormente retornado a su propietario Edouard Rothschild, y cambiado al Estado francés por un pago de impuestos años después, actualmente en el Louvre, París; Fotografía del cómico americano Roscoe Arbuckle; Fotografía de Arbuckle y Buster Keaton; Fotografía de Virginia Rappé, 1920; Fotografía de Roscoe Arbuckle; Fotografía de Hitler observando un cuadro; Óleos pintados por Adolf Hitler; Fotografías del traslado de cuadro expoliados por los nazis a Alemania; Fotografía de Archivos de cuadros expoliados en Alemania; Fotografía de Alfred Rosenberg; Fotografía de militares americanos recuperando cuadros expoliados en cuevas bajo tierra; Fotografía de los condenados nazis en Nuremberg; Fotografía del cadáver ejecutado de Rosenberg, 1946; Fotografía del sargento John C. Woods, con la soga de su trabajo; Fotografía de 1921 de Edouard Rothschild (1868-1949), millonario francés de origen judío.)

15 de diciembre de 2010

La esencia de lo más humano, su representación en el Arte o la vanidad.



Todos los creadores del Arte han podido retratarse a sí mismos con la facilidad que su propio genio, además, le hubiese permitido hacer. Muchos no lo hicieron una vez, sino decenas de veces. Es ahora la vanidad... La mayor de ellas, la que se consigue describiéndose a sí mismos con su propio Arte, ya que ahora no sólo se valora artísticamente el cómo ellos lo han hecho, sino que, también, eternizan así -vanidosamente- su propia imagen en una obra pictórica auto-representada.

La vanidad como símbolo frágil y caduco de la vida, ha sido motivo de muchas obras a lo largo de la historia del Arte. El pintor holandés David Bailly (1584-1657) llegaría incluso a compartir ambas cosas, especialmente. Quiso representar la vanidad consigo mismo... y se autorretrató dos veces en su propio lienzo con una originalidad extraordinaria. En el año 1651, con sesenta y seis años, se dibujaría a sí mismo con casi cuarenta años menos en un ambiente ahora muy simbólico, característico de la futilidad de las cosas, de la vida y del paso de ésta. Eso sí, mostrando ahora a su vez su propio retrato, contemporáneo a la obra, y en sus manos el que fuera él mismo cuarenta años antes.

El ser humano sólo es vanidad... o locura. Ni siquiera la Razón se salva de la vanidad, todo lo contrario, ésta es una de sus muchas manifestaciones. Pero es que hasta la emoción espiritual, la creación más excelsa de lo trascendente, el misticismo, tampoco se salvará... ¿O acaso el eximio poeta místico Juan de la Cruz no sentiría alguna vanidad al dejar su obra escrita para ser apreciada y leída por siempre? Todo es vanidad. Porque la alternativa sólo será, a veces, la locura..., o la elogiosa y útil del famoso escritor Erasmo de Rotterdam (1466-1535), o la espantosa y alienante que haga infantil a quien la posea. Pero, es que hasta en la actitud del recién nacido, con su llanto acuciante o con su sonrisa taimada, se sugiere también algo de vanidad. Porque es así como el bebé pedirá ahora que se le ame, que se le tenga en cuenta, que se le proteja o se le adule. Por eso mismo la vanidad es, realmente, una esencia fundamental de lo que somos, algo que no podemos evitar ni sustituir en nuestras vidas, salvo ahora -quizás- por una inteligente, elogiosa o pueril locura.

(Cuadro Vanitas, del pintor francés Simón Renard de Saint-André (1613-1677); Óleo Vanitas del artista norteamericano actual Poly, Galería Sarah Bain, EEUU; Autorretratos de grandes creadores: Tiziano; Velázquez; Rembrandt; David; Goya; Böcklin; Leighton; Delacroix; Vernet; van Gogh; Renoir; Picasso; Dalí; Frida Kahlo; Andy Warhol; Cuadro Autorretratos con los símbolos de la Vanitas, del pintor David Bailly.)

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