30 de septiembre de 2009

El daguerrotipo y la fotografía: más de 150 años de historia.



Louis Daguerre (1787-1851) fue un artista francés que no alcanzaría ninguna relevancia en el Arte. Pero, a cambio, fue un incansable curioso de la imagen y de su representación. Crearía el Diorama, o efecto por el cual una imagen podía visualizarse en profundidad y con tres dimensiones... Con ayuda del litógrafo y químico francés Niépce (1765-1833) logra fijar imágenes en unas placas metálicas sensibles a ciertos elementos químicos.

Con posterioridad Daguerre lograría, esta vez accidentalmente, que una placa guardada en su armario consiguiese una calidad no obtenida antes. Así descubrió y desarrolló el Daguerrotipo. A partir de 1838 evoluciona su industrialización y es en la década de 1840 cuando se comienza a utilizar para la obtención de imágenes fotográficas. Conseguía con su técnica que el proceso de objetivación (exposición de la luz al objeto) se redujese a 30 minutos, cuando los procedimientos anteriores, más rudimentarios, necesitaban hasta 2 horas para ello.

Se fueron disminuyendo los tiempos aún más, y el invento se popularizó bastante. Se precisaba que la placa fuese guardada bajo cristal, para que el oxígeno del aire no deteriorara el proceso químico del daguerrotipo. Sólo tenía un inconveniente, cada imagen era única, sólo existía el positivo. Si se quería una copia, había que obtenerla de nuevo con todo ese procedimiento... Esto acabaría con el invento para siempre.

(Imagen del daguerrotipo de la fachada principal del Museo del Prado, Madrid, en el año 1851, del autor Albiñana. Fotografía actual del Museo del Prado.)

29 de septiembre de 2009

Un mismo tema y su variación en el tiempo: Arte y Leyenda.



Salomé se cita en el Nuevo Testamento como la hijastra de Herodes Antipas (20 a.C.-39 d.C.), tetrarca -gobernante- de Galilea en tiempos de Jesucristo. Fue famosa porque su belleza y su danza azoraban a Herodes, y éste no pudo resistirse a nada que ella le pidiese, ¡hasta la cabeza de Juan el Bautista!, profeta judío y posterior santo encarcelado por denunciar a Herodes de su concubinato con Herodías, madre de Salomé.

El tema se ha representado a lo largo de la Historia del Arte. En esta muestra quiero visualizar cómo los autores se dirigen por su tendencia y estilo muy parejados con su época y sus propias convicciones. La expresión es diversa, la idea la misma, ¿o no?
 
De arriba a abajo, de izquierda a derecha: La danza de Salomé, de Benozzo Gozzoli (1421-1497); Salomé con cabeza del Bautista, de Lucas Cranach el Viejo (1472-1553); Salomé de Tiziano (1477-1576); Salomé de Gustave Moreau (1826-1898); Danza de Salomé, de Franz von Stuck (1863-1928); Salomé, de Julio Romero de Torres (1874-1930); Salomé, de Lovis Corinth (1858-1925); Salomé, de Wilhelm Trübner (1851-1917); Salomé, de Julius Klinger (1876-1942); Salomé, dibujo de Picasso (1881-1973); Queen Salomé, de Dalí (1904-1989); Salomé, de Francis Picabia (1879-1953); Salomé, del pintor barcelonés Iago Pericot, nacido en 1929.)

27 de septiembre de 2009

Un monasterio, un sueño, un terremoto y una historia.








El primero de noviembre de 1755 se produjo uno de los terremotos más fuertes de toda la historia europea. Sus efectos en Lisboa y en Portugal fueron devastadores, pero el radio de acción llegaría incluso a otras muchas poblaciones españolas. Una de ellas fue la portuaria Palos de la Frontera, en Huelva, desde donde salió en 1492 la expedición que España patrocinaría y un gran marino pilotaría en la Historia. Cerca de esa población onubense se encontraba entonces un pequeño monasterio franciscano que también sufrió el movimiento telúrico, y que quedaría prácticamente destruido a consecuencia del seísmo.

Años después, entre 1835 y 1845, se decretó en España la supresión de las órdenes religiosas y se obligaron a los franciscanos a abandonar el monasterio, dejando a éste además en el mayor de los desamparos posibles. A pesar de la poco fidedigna reconstrucción realizada años después por unos duques ilustrados, y el respaldo de algunos políticos decimonónicos sensibles a la Historia, sólo se pudo representar una falsa copia de lo que realmente llegó a ser ese monasterio. Hoy sólo los arcos de estilo mudéjar y color arcilloso pueden recordar, acaso, algo el antiguo edificio donde un hombre cargado de un sueño se refugiara de la falta de comprensión y apoyos. Sólo quedaría el símbolo..., posiblemente, no sea poco...

(Edificio del Monasterio de La Rábida, Huelva, España; Fotografía de un monumento a Cristóbal Colón; Murales, pintados recientemente, en homenaje al descubrimiento de América; Fotografía del claustro mudéjar; Fotografía del Refectorio, o comedor de frailes, donde también cenó Colón; Fotografía de la entrada y pequeña estancia en donde Colón deliberaba con el padre Marchena; Fotografía de la sala capitular o principal del monasterio.)

26 de septiembre de 2009

La inspiración y la vida...



Nicolás Poussin (1594-1665) fue un pintor francés de vida y obra misteriosa. Casi toda su vida la pasó en Italia, y allí pintaría grandes cuadros cargados de mitología, leyenda y misterio. En el Museo del Prado se encuentra El Parnaso, lienzo pintado en 1630; y en el parisino Louvre está el otro cuadro, La inspiración del poeta, pintado alrededor de 1629.

Gustavo Adolfo Bécquer, nacido en Sevilla en 1836 y fallecido en Madrid en 1870, tuvo una corta, inspirada y triste vida. Él escribió una de las odas, de las rimas más elocuentes de esa musa incolora y arrebatadora que es la inspiración, algo misterioso y absurdo..., como la vida:

Sacudimiento extraño
que agita las ideas,
como huracán que empuja
las olas en tropel;
murmullo que en el alma
se eleva y va creciendo,
como volcán que sordo
anuncia que va a arder;
deformes siluetas
de seres imposibles;
paisajes que aparecen
como a través de un tul;
colores que fundiéndose
remedan en el aire
los átomos del iris
que nadan en la luz;
ideas sin palabras,
palabras sin sentido;
cadencias que no tienen
ni ritmo ni compás;
memorias y deseos
de cosas que no existen;
accesos de alegría,
impulsos de llorar;
actividad nerviosa
que no halla en qué emplearse;
sin rienda que la guíe,
caballo volador;
locura que el espíritu
exalta y enardece;
embriaguez divina
del genio creador...
¡Tal es la inspiración!


(Fragmento de la Rima III, del eximio y gran poeta Gustavo A. Bécquer; Pinturas de Nicolás Poussin, Museo del Prado y  Museo del Louvre.)

25 de septiembre de 2009

El destino, los amantes... y el Arte.




Cuando el poeta y escritor latino Ovidio (43 a.C - 17 d.C.) escribiera su gran obra Metamorfosis, no pudo imaginar que dieciséis siglos después tres creadores del Arte plasmaran, en tres obras maestras de la Pintura Universal, una de las escenas más dramáticas de aquella mitología griega y romana. Adonis fue un personaje mítico que procedía de Oriente Próximo (Siria), y no llegaría a Grecia sino modificado a través de su paso antes por Egipto y Chipre. La diosa griega Afrodita (Venus en Roma) quedaría prendada de la extraordinaria belleza de Adonis. Una vez no quiso ella que él acudiese a una cacería imprevista, a la que Adonis estaría, sin embargo, muy predispuesto trágicamente -acabaría transformado por los dioses vilmente- a marchar ahora entusiasmado.

Tres maestros de la pintura italiana del siglo XVI, Veronés, Tiziano y Carracci, seducidos todos ellos por una misma épica pasión, quisieron plasmar ese momento concreto que los amantes tuvieron antes de la despedida... Pero, ahora, cada uno de ellos idealizaría una escena diferente. El Veronés (1528-1588) pintaría en 1580 una situación muy relajada, incluso esperanzada, entre los dos amantes. Tiziano (1477-1576) en 1553 plasmaría, sin embargo, una gran tensión entre ellos, una gran fuerza desgarradora además en la forma en la que ahora Venus trata así de evitar que Adonis se marche. Pero sólo Carracci (1560-1609) consigue en 1590, a cambio de los otros dos, realizar aquí otro -genial- ardid muy diferente: la resignación, el plegarse ahora al destino inevitable.

Ambos personajes aquí retratados -en el extraordinario lienzo de Carracci- lo entienden así. Hasta Cupido sonríe maliciosamente indicando incluso la herida que su certera flecha había ya producido en Venus... Adonis ahora la mira a Venus por última vez, y ella se vuelve así para mirarlo, convencida, sabiendo ya aquí, por completo, que todo estará ya acabado para siempre. El Arte retrata con frecuencia manifiesta la contradictoria naturaleza humana, pero sólo algunos creadores conseguirán, genialmente, ir mucho más allá de lo que retratan...

(Imágenes de las obras: óleo Venus y Cupido, 1580, del pintor Veronés; lienzo Venus y Cupido, 1553, del pintor Tiziano; óleo Venus, Adonis y Cupido, 1590, del pintor Annibale Carracci. Las tres obras se encuentran en el Museo del Prado, Madrid.)

22 de septiembre de 2009

Existencialismo, leyenda y arte.



Cuando los griegos idearon su Olimpo impenitente para explicar todo lo que el mundo y la naturaleza les mostraban, no pensaron que muchos siglos después fuese una filosofía utilitarista y personal la que haría famoso a uno de sus héroes. Condenado por su astucia y providencialidad, Sísifo fue obligado por los dioses a subir una gran piedra a lo alto de una montaña para, volviendo los dioses a hacerla rodar abajo, retornar de nuevo a subirla repitiendo así la ascención Sísifo a la cumbre una y otra vez...

¿Qué sentido podría tener esa condena? Es la condena en sí misma el sentido. Los dioses no podían arriesgarse a que la sagacidad de Sísifo le permitiese ahora pensar o reflexionar una huida; este obstinado trabajo sin fin distraería a Sísifo eternamente. El filósofo francés Albert Camus (1913-1960), en su famoso ensayo El mito de Sísifo, expuso una interpretación metafísica moderna: Hay un instante en que el ciego héroe, después de dejar la piedra en la cumbre, es libre por un momento en lo alto, imaginando ahora la belleza del paisaje. Escribe Camus: uno debe imaginar feliz a Sísifo... Y así es ya que ahora se libera él, efímeramente al menos, de la desesperación.

En el año 1548 le encargaron desde España al pintor Tiziano (1477-1576) una serie de cuadros, Las Furias, varios lienzos que debían mostrar ahora el castigo a los criminales. Sólo terminó el pintor veneciano dos de ellos, Sísifo y Ticio. Éste último -Ticio- fue un gigante mitológico hijo de Zeus que violó a una de las amantes del dios griego. Fue entonces condenado por éste a que los buitres le devorasen las entrañas eternamente, concretamente el hígado ya que en la antigüedad se consideraba esa víscera sede de los deseos más brutales y de la más absoluta voluntad de poder.

(Cuadros Sísifo y Ticio, 1548, ambos del genial pintor del Renacimiento italiano Tiziano Vecellio; ambos en el Museo del Prado, Madrid.)

20 de septiembre de 2009

El simbolismo en el Arte, un gran pintor sevillano y los diez mandamientos...









El poco conocido pintor sevillano José Villegas Cordero (1844-1921) perteneció a la tendencia Simbolista de finales del siglo XIX. Fue muy valorado en todo el mundo, particularmente en Europa, pero, sin embargo, muy poco conocido en su patria. Se educaría en Sevilla, en Roma y en París. En Roma mantuvo un taller donde realizó gran parte de su obra. Nombrado director del Museo del Prado en 1902, se marcha definitivamente a Madrid donde termina los originales cuadros simbolistas de su serie Decálogos.

En este conjunto de obras basados en los diez mandamientos bíblicos el pintor Villegas adapta por completo las leyendas bíblicas de Moisés a su personal estilo y representación simbolista. Fue expuesto el conjunto de obras en Sevilla en el año 1916, causando por entonces tanto apoyos como rechazos a su creación artística. Ha sido Villegas Cordero un extraordinario pintor sevillano no reconocido sino en los círculos más allegados al Arte. Valga este pequeño reconocimiento para homenajear a tan excelso personaje y pintor español.

(Imágenes de la Serie Decálogos, de izquierda a derecha y de arriba a abajo, representaciones artísticas que encierran unas interpretaciones muy curiosas sobre los conocidos mandamientos sagrados: Muere la Materia, no el Espíritu -Primer mandamiento, Amarás a Dios-; Los Males nos circundan y abrazan -Segundo, No usar el nombre de Dios en vano-; Descanso -Tercero, Santificar las fiestas-; Ayuda a tu Madre -Cuarto, Honrar a tus padres-; Perdona a tu Prójimo -Quinto, No matarás-; Únete a quien Elegiste -Sexto, No fornicarás-; El Trabajo ilumina el camino de la Vida -Séptimo, No robarás-; Haz Luz que salve al Inocente -Octavo, No mentirás-; Aparta toda Tentación que dañe a tu Prójimo -Noveno, No desearás la mujer de tu prójimo-; Bendice el Pan que produce tu Fatiga -Décimo, No codiciarás los bienes ajenos-.)

(Imágenes de dos creaciones complementarias al Decálogo del mismo pintor: La Creación y La Muerte; Autorretrato del pintor Villegas Cordero; Cuadro En el embarcadero, colección particular; Óleo La muerte del maestro, 1884; todas obras de José Villegas Cordero, Museo de Bellas Artes, Sevilla.)

19 de septiembre de 2009

Un artista enigmático, una leyenda universal y un cuadro misterioso.




El gran dibujante, grabador, pintor, escultor y litógrafo que fue el francés Gustave Doré (1833-1883) sólo tiene parangón con una personalidad misteriosa que no dejaría de reflejar en casi todas sus obras. Un tema que abordaría en uno de sus grabados fue el del heroico caballero medieval, en este caso Orlando Furioso, personaje de un libro muy publicado en el siglo XVI del escritor Ludovico Ariosto (1474-1533). En este grabado Doré representa al héroe-caballero Ruggiero atacando al feroz dragón con su lanza para liberar de sus garras a la bella Angélica.

Ese mismo tema lo utiliza el magnífico pintor neoclasicista francés Jean Auguste Dominique Ingres (1780-1867). Las interpretaciones que se han dado a esas obras han mezclado a veces desde un simbolismo fálico -expresado en la lanza que hiere al dragón y en la esclavitud sexual de ella- hasta el repetido épico drama caballeresco -basado en la mitología griega- de Perseo rescatando a Andrómeda.

Por último otro grabado, muy extraño de Gustave Doré, Enigma, donde el artista manifesta aquí toda aquella extraordinaria personalidad misteriosa. En los últimos momentos de un campo de batalla ensombrecido, lleno de muerte y desolado un ángel abraza a un hombre con figura de león. ¿Por qué todo eso? ¿Qué quiso expresar con ello el pintor? Ese es el reto, ese el enigma y esto es el Arte...

(Grabado de una ilustración de Gustave Doré para el libro Orlando Furioso; Pintura de Ingres, Ruggiero y Angélica, 1818, Museo Louvre, París; Ilustración de Doré, Enigma, actualmente en el Museo D'Orsay, París; Imagen de un grabado con el retrato de Gustave Doré.)

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