31 de agosto de 2009

Una bella ciudad española, un gran pintor y una historia.



El antiguo enclave geográfico de la ciudad española de Segovia se remonta a muchos siglos atrás, antes incluso de la llegada y asentamiento de los romanos en la península ibérica. Sin embargo, fue Roma quien erigió el magnífico Acueducto a finales del siglo I, d.C., una extraordinaria obra de ingeniería civil romana, la más grande catalogada en España. Ignacio Zuloaga y Zabaleta (Éibar, Guipúzcoa, 1870 - Madrid, 1945) fue un pintor español, universal y vitalista, formado artísticamente con los impresionistas franceses de su tiempo. Pero, pronto encontraría el pintor su propio camino artístico, influenciado además por el momento que España vivía a finales del siglo XIX y su decadentismo finisecular. El estilo de Zuloaga fue a veces bastante dramático y muy realista, tanto que se le criticó por dar una visión demasiado oscura de su país.

Contribuyó el pintor modernista mucho a introducir el arte español contemporáneo en los Estados Unidos, y, por lo tanto, a ofrecer así un mejor conocimiento de lo hispano en ese país norteamericano. Sin embargo, sus obras de desnudos escandalizaron a la sociedad norteamericana puritana de entonces. Recorrió toda España y gran parte del mundo. Andalucía le fascinaría, donde acabaría viviendo durante los años 1892 y 1893 en la ciudad de Sevilla. En el año 1898 decidió instalarse por fin en Segovia, aprovechando que su tío Daniel, también artista y pintor, tendría allí su residencia y un taller artístico para crear y diseñar cerámica. En la antigua casa-palacio de los Ayala-Berganza, en el barrio segoviano de San Millán, se cometería un macabro crimen en la primavera del año 1892. Un francés que residía allí fue asesinado, junto con su sirvienta, por tres malhechores segovianos (Aquilino Vázquez, Enrique Callejo y Emeterio Salinas), aunque al parecer sólo pretendían robarle. Fueron ajusticiados por garrote vil en una de las últimas sentencias a muerte llevadas a cabo en la ciudad de Segovia.

El pintor Zuloaga decidiría alquilar esa casa-palacio en el año 1902 junto a su amigo Ramón Uranga, también pintor. Aquí instalarían ambos sus atriles y crearían sus obras con el estilo de aquel modernismo inicial hispano de comienzos del siglo XX. Según cuenta una leyenda, Uranga decidió bajar una tarde al sótano de la casa por primera vez; entonces le pareció ver entre las sombras un aquelarre de viejas con velas en las manos adorando a Satanás. La visión duró poco, y Zuloaga recogería más tarde esa escena en su misterioso cuadro Las Brujas de San Millán. Los dos pintores españoles tiempo después abandonaron la casa, llamada también La casa del Crimen o de las Brujas. Muchos años más tarde la casa-palacio pasaría a ser una carbonería antes de convertirse, en el año 1999, en un hotel que lleva el nombre de los Ayala-Berganza, aquellos primitivos pobladores que la casa tuviera muchos siglos atrás.

(Imágenes de la ciudad de Segovia, 2009; Cuadros del pintor Ignacio Zuloaga: Angustias con mantilla blanca y abanico, de la colección Gerstenmaier; Obra La Gitana y el Loro, colección particular; Cuadro Retrato del escritor Azorín -Subastado en Sotheby's; Óleo La Oterito en su camerino, Museo Zuloaga; Óleo Las Brujas de San Millán, Museo de Buenos Aires; Imagen del pintor Ignacio Zuloaga; Fotografía actual del palacio Ayala-Berganza, Segovia, España.)

27 de agosto de 2009

Una planta americana, una fábrica sevillana, un pintor español y un escritor inglés.



Con el descubrimiento de América se introdujeron en España muchas plantas autóctonas de ese continente nunca antes vistas en Europa. Una de ellas fue el tabaco. La ciudad de Sevilla mantuvo durante los siglos XVI, XVII y principios del XVIII el monopolio comercial de esta planta con el Nuevo Mundo. A lo largo del siglo XVI empezaron a crearse pequeñas manufacturas de polvo de tabaco por toda la ciudad andaluza. En el año 1620 se decide, por razones sanitarias y monopolísticas, centralizar todas esas pequeñas industrias en un sólo edificio de carácter privado y situado intramuros de la ciudad. En 1684 deja de ser privada su producción y es cuando la fábrica de tabacos pasa a ser administrada directamente por la Hacienda Real. Es en el año 1725 cuando surgirá la necesidad de ampliar la fábrica considerablemente, dada la enorme demanda en Europa de tabaco. Para ello se cambiará su emplazamiento a extramuros de la ciudad, en una gran superficie para que de albergue así al edificio más grande jamás construido hasta entonces en España, después del Palacio Real del Escorial.

La obra se inició en septiembre del año 1728 y no finalizaría completamente sino hasta el año 1770, ¡casi cuarenta y dos años después! Llegaron a trabajar en la manipulación del tabaco hasta 6.300 mujeres en su época de mayor auge; no admitiéndose menores de dieciséis años y no habiendo límite para la jubilación. Las mujeres daban a luz en la fábrica y criaban a sus hijos ayudadas por sus compañeras. Eran registradas a la salida cada día para ver si llevaban algo de su labor escondido entre sus cuerpos. Gonzalo Bilbao y Martínez (1860-1938) fue un extraordinario pintor sevillano de cierta influencia impresionista, algo propio de su época modernista finisecular. Realizaría uno de los más famosos cuadros sobre las cigarreras sevillanas en su Fábrica de Tabacos. Cuadro de una maravillosa composición, casi velazqueña, muy efectista además por su colorido y su fuerza escénica. Años antes, un escritor inglés, Richard Ford (1796-1858), que había llegado a España por razones sanitarias (su mujer precisaba un mejor clima), reflejaría por entonces en una literatura de viajes los trabajos de aquellas famosas cigarreras sevillanas del siglo XIX. En uno de sus escritos, decía el narrador inglés:

Los fabricantes de puros en España son, de hecho, los únicos que trabajan de verdad. Los muchos miles de manos que se emplean en esto en Sevilla son principalmente manos femeninas: una buena obrera puede hacer en un día de diez a doce atados, cada uno de los cuales contiene cincuenta cigarros puros; pero sus lenguas están más ocupadas que sus dedos, y hacen más daño que los puros. Visítese el local. Muy pocas de ellas son guapas y, sin embargo, estas cigarreras cuentan entre las personas más conocidas de Sevilla, y forman clase aparte. Tienen fama de ser más impertinentes que castas; llevan una mantilla de tira especial, que está siempre cruzada sobre el rostro y el pecho, dejando sólo la parte superior, o sea sus facciones más pícaras, al descubierto. Estas damas son objeto de un registro ingeniosamente minucioso al salir del trabajo, porque a veces se llevan la sucia hierba escondida de una manera que su Católica Majestad nunca pudiera haber soñado.

(Imágenes del edificio de la antigua Real Fábrica de Tabacos, hoy sede de la Universidad de Sevilla, Sevilla, España; Cuadro con la imagen del pintor sevillano Gonzalo Bilbao; Grabado con el retrato del escritor inglés Richard Ford; Imágenes de los cuadros Las Cigarreras, 1915, e Interior de la Fábrica de Tabacos, 1911, ambas obras del pintor Gonzalo Bilbao, Museo de Bellas Artes de Sevilla; Fotografía antigua de las mujeres que trabajaban en la Fábrica, Las cigarreras, finales del siglo XIX)

22 de agosto de 2009

Versos de un gran poeta: Antonio Machado.



Y no es verdad, dolor: yo te conozco,
tu eres nostalgia de la vida buena
y soledad de corazón sombrío,
de barco sin naufragio y sin estrella.

Como perro olvidado que no tiene
huella ni olfato y yerra
por los caminos, sin camino, como
el niño que en la noche de una fiesta
se pierde entre el gentío
y el aire polvoriento y las candelas
chispeantes, atónito, y asombra
su corazón de música y de pena;

así voy yo, borracho melancólico,
guitarrista lunático, poeta,
y pobre hombre en sueños,
siempre buscando a Dios entre la niebla.

Fragmento del poema Galerías, del gran poeta español Antonio Machado (1875-1939).

(Fotografía del autor: Mañana de niebla sobre Ronda, Málaga, España, 1997.)

21 de agosto de 2009

La luz más alejada del antiguo Occidente: La Torre de Hércules.





En los primeros años del siglo II d.C., gobernando entonces el inmenso imperio romano el augusto Marco Ulpio Trajano (52-117), nacido en la ciudad de Itálica (Hispania) -por lo tanto el primer emperador no italiano de la Historia-, se construyó ya un gran Faro en su patria hispana de origen. Situado en un enclave portuario gallego cercano a la ciudad de La Coruña -denominado por entonces Brigantium-, y de muy grandes dimensiones para la época, se acabaría así llamando La Torre de Hércules.

Funcionaría como faro durante casi trescientos cincuenta años ininterrumpidamente, ofreciendo su luz y su guía a multitud de barcos que hacían la ruta del norte desde el estrecho de Gibraltar. Al declive del imperio romano de occidente (siglo VI), dejaría de usarse como tal y no se utilizaría de nuevo sino hasta el siglo XVII, es decir, que hasta más de mil doscientos años después no se volvería a reutilizar otra vez con su antigua función. Por entonces sólo se instalarían unas torrecillas en su cúspide y se colgarían unos faroles apropiados para que permitieran orientar y mejorar la navegación por esas difíciles y duras costas a los marinos.

Pero no fue hasta finales del siglo XVIII, el siglo ilustrado, cuando se realizaron las reformas necesarias para mejorar y acondicionar el faro completamente. Obras que configurarían ya su aspecto actual (porque nada tiene que ver con su antigua construcción romana, salvo los cimientos). Hoy sigue utilizándose La Torre de Hércules desde su antiguo emplazamiento para auxiliar a los barcos a su paso por las difíciles y fieras costas de Galicia.

(Imágenes de la Torre de Hércules, de la costa coruñesa, y de la ciudad de La Coruña, España, 2009.)

20 de agosto de 2009

Un gran héroe olvidado: el Almirante don Blas de Lezo.





En toda su gran historia muchos españoles dedicarían su vida a la mar y a la guerra. Ambas cosas fueron abundantes siempre en España y permitieron a los pequeños hidalgos, de no muy lustrosa extracción social, llegar a escalar grandes peldaños hacia la gloria...

Blas de Lezo y Olavarrieta nació en la portuaria y bella ciudad de Pasajes, muy cerca de San Sebastián, en el año 1689 y fallecería en Cartagena de Indias, actual Colombia hoy, en el año 1741. De familia marinera, se formaría inicialmente en Francia gracias a los fuertes vínculos que por entonces la Corte española mantenía con este país. Rápidamente participaría en batallas navales con apenas 15 años; incluso, en una de ellas, perdería su pierna izquierda. Con apenas dieciocho en el asedio de Tolón, en la costa sur de Francia, un cañonazo enemigo le insertará una esquirla en la cara, perdiendo con ello su ojo izquierdo para siempre. Con veintitrés años asciende a capitán de fragata y, dos años más tarde, a capitán de navío.

En la guerra de Sucesión española (1701-1715), en el llamado sitio de Barcelona, con veinticinco años pierde ahora Blas de Lezo el antebrazo derecho demostrando un valor extraordinario ante la adversidad. En el año 1723 obtiene el mando de las fuerzas navales de los Mares del Sur -océano Pacífico español-, limpiando las aguas de piratas y corsarios y permaneciendo allí hasta el año 1730 en que es llamado a España por el rey Felipe V. Como recompensa por sus servicios es promovido a Jefe de la escuadra del Mediterráneo, realizando heroicos y eficaces servicios contra los piratas berberiscos de Orán. En el año 1734 el rey Felipe V de España (1683-1746) lo nombra Teniente General de la Armada y es destinado a dirigir la Comandancia General del departamento de Cádiz.

Al año siguiente fue llamado a la Corte en Madrid, pero no soportaría ni las comodidades ni la falta de acción de su querida mar. Solicita permiso a su majestad para embarcar de nuevo en un buque de guerra. Felipe V se lo concede y fue nombrado entonces Comandante General de la flota de Tierra Firme (continente americano). Llegaría a Cartagena de Indias en el año 1737 asumiendo la Comandancia General en aquel importante bastión caribeño hispano.

Los ingleses por entonces habían decidido hostigar el Caribe para obtener beneficios económicos, y querer paliar así el monopolio marítimo de España en esas y otras latitudes. Con una excusa cualquiera Inglaterra declara la guerra a España en el año 1739. Aprovechando entonces el almirante inglés Sir Vernon una oportunidad bélica única que, desde la Armada Invencible del siglo XVI, no se habría vuelto a ver en todo el mundo: la mayor flota de asalto jamás vista (al menos hasta el gran desembarco aliado de Normandía en la Segunda Guerra mundial en el año 1944).

Con una flota inglesa de 186 navíos y más de 25.000 hombres, el 13 de marzo del año 1741 se avistaría por Punta de Canoa, en la costa cartagenera caribeña, la altiva bandera británica. La guarnición de Cartagena de Indias, en ese momento, tan sólo contaba con unos escasos 3.000 hombres y 6 navíos. Y entonces el Almirante Blas de Lezo, muy hábilmente, organizaría la defensa de su comandancia con mucho ingenio, valor... y bastante engaño. El resultado fue que, después de casi dos meses de asedio, la flota inglesa hubo de huir a la isla de Jamaica sin conseguir ninguno de sus objetivos y con muchas pérdidas humanas y materiales.

Tamaña hazaña defensiva, teniendo en cuenta la desproporción de fuerzas, fue una afrenta para el orgullo inglés y una de las más humillantes derrotas bélicas en toda la historia de la marina británica. Tanto fue así la humillación bélica que el propio rey inglés, Jorge II, prohibiría a sus cronistas históricos que hiciesen mención alguna de tal suceso en el caribe. La realidad fue que ese suceso histórico supuso luego el liderazgo español en los mares de todo el mundo hasta la fatídica batalla de Trafalgar producida en el año 1805.

Don Blas de Lezo murió, sin embargo, enfermo de peste en Cartagena de Indias a los pocos meses de su gesta, posiblemente por la infección de los cadáveres no sepultados en la terrible batalla. Fue enterrado el héroe hispano en una fosa común. Años más tarde la corona española le recompensaría, a título póstumo, con el Marquesado de la Real Defensa. Nunca, probablemente, un título nobiliario en toda la Historia de España haya sido de tan justo nombre concedido jamás. Sea esta pequeña reseña un homenaje a tan gran hombre, militar y marino español.

(Imágenes de Don Blas de Lezo; Grabado de Navíos de guerra en batalla; Fotografía actual de Cartagena de Indias; Plano de esta ciudad en el siglo XVIII, actual Colombia.)

19 de agosto de 2009

Ayer y hoy: La Habana y Sevilla.



La catedral de La Habana, de estilo barroco colonial, fue construida en 1788, ampliándose y mejorándose a lo largo del siglo XIX. La catedral de Sevilla, de estilo gótico tardío, fue comenzada en el siglo XIII en el mismo lugar donde radicaba una antigua mezquita árabe, que anteriormente se edificó sobre una iglesia visigoda. Su construcción se prolongaría hasta comienzos del siglo XVI. Fue terminada y sufragada en gran parte gracias a los parroquianos y prohombres de la ciudad. Hoy, es el edificio religioso de estilo gótico más grande del mundo.

(Imágenes antiguas: Tarjetas postales de la Unión Postal Universal del año 1908; Imágenes actuales: Dos fotografías, una analógica, La Habana, Cuba, 1997; otra digital, Sevilla, España, 2009.)

16 de agosto de 2009

Una plaza en París y una batalla perdida: El Trocadero.




La guerra de la Independencia en España (1808-1814), consecuencia de la invasión napoleónica en la península, promovió el movimiento liberal y una tendencia, iniciada ya por la revolución norteamericana en 1776 y la francesa en 1789, de apertura sociopolítica en la España de comienzos del siglo XIX. La Constitución de Cádiz de 1812, primera en la historia de España, marcaría un impulso reformador y parlamentarista único tanto fuera como dentro del país.

La guerra contra el invasor Napoleón sería ganada, y el rey de España Fernando VII (1784-1833) regresaría del exilio francés, anularía luego la Constitución y se apoderaría de sus antiguos privilegios sin mucha resistencia popular. Pero, desde antes, en plena guerra aún, cuando los criollos de los virreinatos de América se levantaron contra una España ahora desvalida, ésta se encontraría luchando de nuevo, sólo que ahora contra los sublevados de sus provincias de Ultramar. El rey ordenaría en 1819 enviar por entonces varios batallones para contener, desesperadamente, aquella rebelión americana...

En Andalucía se preparó un batallón al mando del coronel Rafael del Riego que debía embarcar en Cádiz con destino a Méjico. En el camino a esa ciudad andaluza, cerca de la población sevillana de las Cabezas de San Juan, el coronel del Riego acabaría, sin embargo, pronunciándose el 1 de enero de 1820 contra el rey Fernando VII y su antiguo régimen. Las tropas no se embarcarían a América, ni entonces ni durante los próximos tres años. Así fracasarían, por tanto, los últimos auxilios a los regimientos realistas que aún luchaban, olvidados y alejados, contra unos rebeldes americanos cada vez más apoyados ya por otros estados europeos.

El período liberal promovido por del Riego duraría tan sólo tres años escasos, desde 1820 a 1823, ya que los estados europeos de entonces no toleraron un régimen tan liberal y parlamentario en España, algo que ponía en peligro la estabilidad de sus poderes reaccionarios en Europa. Así, la misma Francia lideraría por entonces, en el Congreso de Verona (1822), la posibilidad de invadir ahora -de nuevo- con un ejército muy numeroso al país que, tan sólo diez años antes, el propio Napoleón no habría conseguido doblegar. Fue muy rápida la marcha de aquel ejército invasor por la península, ya que debía llegar incluso hasta la alejada ciudad de Cádiz, situada muy al sur, y adonde ahora se había refugiado el gobierno liberal y el retenido rey Fernando.

Esta luminosa, bella y atlántica ciudad española sería entonces bombardeada extraordinariamente, pero tan sólo los fuertes que protegían la entrada a la bahía serían abatidos, sobre todo la fortaleza de San Luis del Trocadero. Como resultado, el gobierno liberal no tuvo ya más remedio que negociar con las tropas invasoras. Fue derogado en el acto el gobierno y el rey Fernando VII recuperaría todo su poder absoluto, llevando por entonces a España a las más oscuras páginas de su Historia. 

En homenaje a aquella batalla, la del Trocadero, donde entonces el Fuerte de San Luis fue tomado por las fuerzas invasoras francesas -Los cien mil hijos de San Luis-, se daría nombre en París a una famosa plaza y a sus jardines del Trocadero, situados muy cerca del río Sena y frente a la famosa Torre Eiffel. Todas estas unas historias muy curiosas de liberalidad, progresismo europeo, traición e ironía política.

(Imágenes fotográficas de París, Torre Eiffel, Jardines y plaza del Trocadero; Fotografía más abajo de la plaza de España en Cádiz, con el monumento a la Constitución de 1812, y vista de la ciudad atlántica gaditana, España).

15 de agosto de 2009

Antología lírica: Del poeta sevillano Rafael Montesinos.



- ¿Y si al final resulta que no somos,
ay Fabio, qué dolor,
más que ruinas, última locura,
memoria insoportable, sólo un grito
en el momento de caer rendida
la última pared, entre el adobe,
la ceniza y el polvo?

- No preguntes. Yo fui pared un día,
sostenida ruina de la nada,
mustio collado de mí mismo.
Escúchate y dispónte a sentir cómo te caes,
campo de soledad, sobre tus años.

Diálogo con un viejo poeta sevillano, del poeta sevillano Rafael Montesinos (1944-1995).


¿La felicidad, dices? Quizá sea
simplemente vivir, sentirse vivo
en medio de las cosas destinadas
a durar más que uno, o frente al amplio
ventanal del verano y su lentísimo
atardecer, oír las golondrinas,
que en sus rápidos gritos nos recuerdan
el chirriar del eje del estío.

Alguien me pregunta por la felicidad, versos de Rafael Montesinos, poeta español (1944-1995).

(Fotografía de las ruinas romanas de Itálica, Sevilla, España.)

14 de agosto de 2009

Versos y ruinas: Canto a la antigua urbe romana de Itálica.



Estos, Fabio, ¡ay dolor!, que ves ahora
campos de soledad, mustio collado,
fueron un tiempo Itálica famosa.

Aquí de Cipión la vencedora
colonia fue; por tierra derribado
yace el temido honor de la espantosa
muralla, y lastimosa
reliquia es solamente
de su invencible gente.

Sólo quedan memorias funerales
donde erraron ya sombras de alto ejemplo;
este llano fue plaza, allí fue templo;
de todas apenas quedan las señales.

Del gimnasio y las termas regaladas
leves vuelan cenizas desdichadas;
las torres que desprecio al aire fueron
a su gran pesadumbre se rindieron.

Este despedazado anfiteatro,
impío honor de los dioses, cuya afrenta
publica el amarillo jaramago,
ya reducido a trágico teatro,
¡oh fábula del tiempo, representa
cuánta fue su grandeza y es su estrago!

(Fragmento de Oda a las Ruinas de Itálica (Sevilla, España), de Rodrigo Caro (1573-1647), poeta sevillano del Siglo de Oro español.)

(Fotografías de las ruinas de la antigua ciudad romana de Itálica, Sevilla, España.)

11 de agosto de 2009

Historia y Arte: El poder efímero.





Cuando el rey de España de entonces, Felipe IV (1605-1665), mandó construir en 1633 el Salón del Reino en el Palacio del Buen Retiro en Madrid, deseaba que éste resaltara ya la grandeza del reino español. En las lunetas de la gran bóveda del Salón se situaron entonces veinticuatro escudos heráldicos, todos ellos de los diferentes reinos que configuraban el inmenso imperio hispano: Aragón, Castilla y León, Cataluña, Galicia, Córdoba, Granada, Jaén, Murcia, Navarra, Sevilla, Toledo, Valencia, Vizcaya, Portugal, Austria, Borgoña, Brabante, Cerdeña, Méjico, Flandes, Milán, Nápoles, Sicilia y Perú.
 
Además se colgarían también de sus muros una serie de cuadros, encargados por su Majestad, que representaban las batallas victoriosas que tuvieron lugar en los diferentes y lejanos lugares del imperio. He aquí una muestra de aquel extraordinario Arte barroco en algunos de aquellos magníficos lienzos expuestos por entonces en aquel palacio. De izquierda a derecha y de arriba a abajo:

(Óleo Recuperación de la Bahía de Brasil por don Fadrique de Toledo, pintado por Juan Bautista Maíno (1578-1649); Cuadro Socorro de Génova por el segundo Marqués de Santa Cruz, 1634, del pintor Antonio de Pereda (1608-1638); Oleo Rendición de Juliers a Ambrosio de Spínola, del pintor Jusepe Leonardo ( 1601-1652); Óleo La Recuperación de la isla de Puerto Rico por el gobernador don Juan de Haro, del pintor Eugenio Cajés (1575-1634); Lienzo Recuperación de la isla de San Cristóbal en las Antillas por don Fadrique de Toledo, por entonces en manos esta isla de aventureros ingleses y franceses, del pintor Félix Castello (1595-1651); Óleo Defensa de Cádiz frente a los ingleses llevada a cabo por el Marqués de Medina-Sidonia, del pintor Francisco de Zurbarán 1598-1664).

Al pasar de los años, excepto Cádiz, todo se perdería. La gloria y la grandeza de aquel inmenso imperio se desdibujarían para siempre. Es la realidad de la Historia, de toda historia, la cual se relativiza ahora aquí en otro extraordinario cuadro -abajo-, de aquellos fecundos años artísticos, del pintor barroco español Antonio de Pereda, Vanitas (La vanidad se apagará frente a la muerte y el fatal destino).

9 de agosto de 2009

El mito hispano de Bonaerges.




Hijo del Trueno (Bonaerges) llamaría Jesús de Nazaret a Santiago el Mayor. La Cristiandad en el siglo IX necesitaba un mito para la Hispania ocupada en gran parte por el Islam. Un rey y un obispo sólo acabaron promoviendo algo que el pueblo deseaba con ardor. La Europa cristiana ayudaría además a cimentar un lugar sagrado y de peregrinaje que necesitaría tanto como la España incipiente, una nación que comenzaría a crearse, poco a poco, a golpe de espada, de sangre y de fe.

El camino de Santiago a ese enclave hispano, situado en los confines del mundo conocido por entonces, fue un motivo de impulso para una religión que marcaría la cohesión cultural de lo que se ha dado en llamar mundo Occidental. Todo sirvió, a fin de cuentas. Las huestes castellano-leonesas, catalano-aragonesas, navarras y portuguesas acabarían reconquistando toda la península ibérica a los sarracenos. Esa península que un día, de aquel aciago año 711, se terminaría perdiendo a manos de un emergente poder que, tan sólo cien años antes, habría comenzado una hégira -una lucha de conquista- que llegaría a durar, desde entonces, por más de 1200 años casi...

(Imágenes del apóstol Santiago el Mayor, Catedral de Santiago de Compostela, 2009, Santiago, Galicia, España).

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