19 de diciembre de 2009

Orfeo fue un personaje de la Mitología: un deseo y una tentación fatídica.



Orfeo fue un muy curioso personaje de la mitología griega. El dios Apolo le ofrecería muchos dones a este personaje mítico, entre ellos una lira con la que componer cantos poderosos... Tan poderosos que hasta las fieras, las rocas, las aguas, las tormentas o lo más terrible de la Naturaleza, se tranquilizarían al oirlos. Orfeo se enamoraría entonces de la bella ninfa Eurídice, la cual, en una ocasión, fue sorprendida por un pastor que quiso forzarla vilmente. En su huida, sería atacada por una serpiente que la mataría rápidamente. Orfeo, ahora del todo enloquecido, solicitaría a Zeus -el dios más importante del Olimpo- la posibilidad de poder él bajar así, incluso, a los infiernos a buscarla. Hades, el dios del inframundo griego, accedería finalmente a que Orfeo pudiera entrar en el infierno y llevarse a su mujer de aquel mundo.

A cambio, tan sólo le puso una condición: que no la mirase a ella mientras él la sacaba del Hades, que esperase Orfeo hasta que estuviese afuera de sus puertas. Pero, cuando estaban llegando por fin a la salida, él no pudo resistir la tentación..., y giraría levemente la cabeza para ver así si su mujer lo seguía. En ese momento, Eurídice desaparecería para siempre. Esta célebre leyenda mítica es una alegoría del hombre que no puede resistirse a la tentación...  A pesar de que se nos avise incluso, siempre creeremos que habrá otra nueva salida y otra nueva oportunidad.  ¡Que, finalmente, no se nos va a condenar por ello...! Pero, la vida y la muerte obedecerán a leyes inapelables e irreversibles. A pesar de eso seguiremos, como Orfeo, creyendo que podremos mirar atrás... y no nos pasará nada, que sólo se nos reprochará, levemente si acaso, ahora nuestra temeridad. Pero esto es sólo una ilusión, una muestra clara más de nuestra absoluta, completa y frágil debilidad.

(Imagen del cuadro El mito de Orfeo, del pintor Marc Chagall; Cuadro Lamento de Orfeo, de Alexandre Séon; Lienzo Orfeo y Eurídice, de Rubens.)

9 de diciembre de 2009

Un relato, una obra de Arte, una natividad perdida... y un deseo.



El gran pintor italiano del Barroco Michelangelo Merisi de Caravaggio (1571-1610) pintaría en el año 1609 el lienzo Natividad con San Francisco y San Lorenzo. Fue una obra encargada para el oratorio franciscano de San Lorenzo en la ciudad de Palermo, Sicilia. De una composición sobria y nada convencional, sobre todo para lo que, por entonces, se consideraría un relato evangélico tan especial y estereotipado como ese. Porque ahora, en este lienzo del Barroco caravaggista, tan sólo el ángel ofrecerá aquí un claro símbolo sagrado a la imagen, siendo así el perfil del resto de los personajes, de sus figuras y sus gestos, trazados con rasgos más humanizados y más vulgarizados, para nada hieráticos o sacralizados como los de antes. Todo esto algo por entonces, sin embargo, muy impropio en este tipo de escenas divinas y referidas a la Natividad.

El diecisiete de octubre del año 1969 sería robada esta obra del oratorio de San Lorenzo. Desde entonces, el lienzo se encuentra absolutamente perdido. En estas fechas navideñas es ahora como una metáfora... Porque para muchos de los que, alguna vez, la Navidad fuera algo significativo y familiar, pero que se perdió en la bruma de los años, representará, tal vez, un símbolo, casi un desconocido presagio. Al parecer, un miembro arrepentido de la mafia italiana, Francesco Marino Mannoia, explicaría en un juicio llevado a cabo en el año 1996 cómo fue el robo: Se arrancó el lienzo del marco con una hoja de afeitar, lo que le ocasionó al cuadro algunos graves desperfectos. Cuando el comprador lo vió se echó a llorar y decidimos destruirlo, ya que era del todo invendible...

Otro mafioso, Salvatore Cangemi, aseguraba que no se destruyó el lienzo, que se expone aún en las reuniones de la Mafia algunas veces...  El caso, es que no se ha recuperado nunca esta obra maestra de Caravaggio. Sin embargo, los Carabineros italianos no se muestran para nada vencidos, sino todo lo contrario, confían en poder recuperarlo algún día. El hecho de que muchas de estas obras hayan desaparecido desde hace tantos años no nos desalienta, y continuaremos buscándolas siempre, dijo un responsable de los Carabineros para la Tutela del Patrimonio Cultural italiano. No estaré satisfecho hasta que encontremos la Natividad de Caravaggio, declaró hace unos años el general carabinero Conforti. Así como estos agentes policiales expresarán su deseo por recuperar esa obra de Arte desaparecida, algunos puedan ahora, así, interiormente quizá, desear o expresar también el poder recuperar esa otra emoción perdida... Esa otra natividad extraviada u olvidada hará años, alguna vez, cuando la vivieran ya, por entonces, como aquellos que, antes de extraviarse el Caravaggio, pudieron también así disfrutarlo...

(Óleo Barroco sobre lienzo, del año 1609, Natividad de San Francisco y San Lorenzo, del pintor italiano Caravaggio, óleo perdido desde el año 1969.)

6 de diciembre de 2009

Un colorido intenso, una época postimpresionista y un pintor desconocido.



Un gran representante del Postimpresionismo español -también conocido como Modernismo- lo fue el pintor catalán Hermenegildo Anglada Camarasa (1871-1959). Junto a Sorolla y Zuloaga, fue uno de los grandes pintores del primer arte novocentista español. En París estableció su estudio artístico, influenciándose además por autores franceses como Degas y Toulouse-Lautrec. Desconocido, sin embargo, para el gran público, en esta pequeña selección de su obra se observa ahora su estilo particular, un estilo que puede incluso compararse con el tan conocido y valorado pintor, del movimiento de la secesión vienesa, Gustav Klimt. Pero en el Arte, como en la vida, en la gloria y en el reconocimiento, no siempre se repartirá su veleidosa bendición a todos por igual... He aquí una muestra de ello.

(Imágenes de obras del pintor Anglada Camarasa: Granadina, Museo de Arte de Catalunya, Barcelona, España; Sevillana, Museo de Bellas Artes de Buenos Aires, Argentina; Desnudo bajo la parra, Museo Bellas Artes de Bilbao, País Vasco, España; Retrato de Sonia Klamery, Museo Reina Sofía, Madrid, España; y Los ópalos, Museo de Bellas Artes de Buenos Aires, Argentina.)

28 de noviembre de 2009

Un deseo, un poeta, una luz, aunque es de noche.



Que bien sé yo la fuente que mana y corre,
aunque es de noche.
...
Su origen no lo sé, pues no lo tiene,
mas sé que todo origen de ella viene,
aunque es de noche.
...
Bien sé que suelo en ella no se halla,
y que ninguno puede vadearla,
aunque es de noche.
Su claridad nunca es oscurecida,
y sé que toda luz de ella es venida,
aunque es de noche.
...
La corriente que nace de esta fuente,
bien sé que es tan capaz y omnipotente,
aunque es de noche.
...
Esta eterna fuente está escondida
en este vivo maná por darnos vida,
aunque es de noche.

Aquí se está llamando a las criaturas,
y de esta agua se hartan, aunque a oscuras,
porque es de noche.

Esta viva fuente, que deseo,
en este maná de vida yo la veo,
aunque es de noche.

(Adaptación del Cantar del alma, del poeta español San Juan de la Cruz, 1542-1591.)


(Imagen de El caminante sobre el mar de nubes, del pintor romántico alemán Caspar David Friedrich, 1774-1840, Hamburgo, Alemania.; Cuadro del mismo pintor, Puerto de Noche, Museo Hermitage, San Petersburgo, Rusia.)

27 de noviembre de 2009

El beso: la escena más romántica en el Arte.



En toda la historia del Arte el beso no fue representado en todo su simbolismo erótico sino hasta la llegada del Romanticismo. Uno de los primeros creadores que lo hiciera lo fue Francesco Hayez (1791-1882), un pintor italiano que consiguió en sus creaciones una escenificación muy apropiada para las grandes gestas históricas y dramáticas. De hecho, el cine tuvo en él un ejemplo para los grandiosos montajes cinematográficos que después hicieron alarde en el público.

Pero no fue sino hasta mediados del siglo XIX, sobre todo a finales de ese siglo, cuando se atrevieron los pintores a plasmar en un cuadro el gesto tan antiguo, y al mismo tiempo tan íntimo, como es el del contacto labial de los amantes. Otros pintores anteriores en el tiempo plasmaron en sus obras de Arte otros besos..., ahora más castos y puros, besos en la mejilla, en las manos o en la frente; besos inocentes aunque, a veces, también cargados de deseo. Pero la expresión más realista del beso enamorado no fue llevada al Arte sino hasta que lo plasmaran los pintores románticos y postimpresionistas posteriores. Después la ópera, el teatro o el cine hirían avanzando en la más auténtica representación del único gesto humano que no confunde mientras se lleva a cabo, como otros...

(Imagen del cuadro de Francesco Hayez, El beso, en la Pinacoteca de Brera, Milán, Italia; Cuadro El Beso, del pintor romántico Theodore Gericault (1791-1824), Museo Thyssen-Bornemisza; Cuadro del simbolista Gustav Klimt (1862-1918), El Beso; Obra de Théophile Alexandre Steinlen (1859-1923), El Beso; Imagen del cuadro de Franz Von Stuck, El beso de la Esfinge; Fotograma de la película Lo que el viento se llevó, 1939.)

22 de noviembre de 2009

Un arrepentimiento, un destino, una ópera... y el Arte.



Un famoso guión cinematográfico (Blade Runner, 1982) utilizaría un concepto mítico y metafísico, La puerta de Tannhäuser, para referirse con él a la entrada a un destino inevitable y fatal... Pero, mucho antes, un compositor alemán fue el responsable de hacer mención a esa leyenda, ahora en la figura del poeta medieval alemán Tannhäuser (1205-1270). Richard Wagner (1813-1883) compuso su ópera Tannhäuser en el año 1845. En ella, el poeta-personaje llevará una vida disoluta y vagabunda. Encuentra una vez, en su caminar errante, un lugar maravilloso, Venusberg (montaña de Venus), el reino mítico, idílico y sensual de la famosa diosa de la belleza Afrodita. Ahí disfrutaría él sin parar y con extremo goce de los placeres más ocultos y sensuales de la vida... Pero, sin embargo, cansado de esos disfrutes vanos, que la diosa le aportase entonces, decide dejarlo ahora y abandonar por completo ese lugar del todo arrepentido.

En su nuevo deseo de cambiar, peregrinaría incluso a Roma. Entonces el inflexible papa Urbano IV lo recibe muy exigente, mostrándose displicente con él, diciéndole ahora que es tan imposible redimirlo como que su bastón papal llegase algún día a florecer... Tannhäuser se marcharía decepcionado, meditabundo y del todo desolado. Pero pronto, buscando inútilmente el sentido a su vida en alguna que otra cosa que le redimiese, vuelve Tannhäuser a Venusberg de nuevo, para volver así a entregarse otra vez a su delirio. Al cabo de unos días el Papa observa, sorprendido, como su bastón ahora florece incomprensiblemente... Urbano IV le enviaría inmediatamente un mensajero para que Tannhäuser regrese a Roma y reciba, ahora seguro, su perdón. Pero ya es demasiado tarde, Tannhäuser ya no está, había desaparecido para siempre, fatal e inevitablemente... Entonces es el pontífice el que acabará, a cambio, siendo ahora condenado para siempre... Esta leyenda inspiraría a muchos poetas y músicos románticos alemanes. Hasta que, con los años, llegara a inspirar a un famoso guionista de ciencia-ficción cinematográfico, creando así, por entonces, una fantástica puerta sin regreso..., una puerta, ahora, inevitablemente, fatal.

(Imagen del cuadro del pintor John Collier, 1850-1931, Tannhäuser en el Venusberg; Imagen del cuadro pintado por Renoir, Richard Wagner; Imagen de un grabado del Papa Urbano IV, 1195-1264)

19 de noviembre de 2009

Un famoso pintor retratista, un divorcio imposible y una extraordinaria mujer.




Giovanni Boldini (1842-1931) fue un pintor italiano que retrataría a hermosas mujeres en aquella alta sociedad finisecular de entonces. Deslumbraría con su maestría -parte impresionista, parte modernista- en sus modelos femeninas, unas señoras maravillosas donde su belleza se trazaría de modo exagerado a la altura superficial de la alcurnia de ellas. Una de sus modelos fue Lady Colin Campbell (1857-1911), llamada originalmente Gertrude Elizabeth Blood. Fue una mujer que, aunque de familia irlandesa distinguida, acabaría sus días siendo conocida por tan alto nombre aristocrático. Todo empezaría con un viaje a Escocia de Gertrude en el año 1880, donde conocería a Lord Colin Campbell (1853-1895). Se casaron al año siguiente. Pero el matrimonio sólo duraría tres años. El almibarado Lord quiso entonces ocultarle a ella su maléfica enfermedad venérea. Para cuando ella lo supo, tuvo que medicarse con mercurio y acabaría pidiéndole el divorcio. Él ahora, avergonzado por la publicidad y el escarnio, contraatacaría decidido acusándola de infidelidad, no con uno sino con hasta cuatro amantes. La justicia torticera de aquella época denegaría las razones para ella, y el divorcio no se llevaría a cabo nunca.

Se separaron de todas formas. Y ella terminaría dedicándose a la Literatura. Su talento y belleza la ayudaron mucho en su nueva vida mundana, aunque no pudo mantener su alto prestigio social disfrutado antes. Él entonces, azorado, tuvo que marcharse a la India, lejos de todo, donde acabaría su vida a los cuarenta y pocos años enfermo y solitario. Pero es ahora, en esta obra de Boldini, como aquella belleza renacida de ella es retratada aquí por el Arte con todo su esplendor... Un Boldini exultante, que acabaría siempre magnificando a sus modelos femeninas. Un crítico llegaría a decir del pintor: Las mujeres tuvieron siempre un rol de primer plano en su vida, al retratarlas exageraba sus mejores características, alargaba las piernas, las manos, los pies, para exaltar así aún más su atractivo natural.

(Imagen del cuadro del año 1894 de Lady Colin Campbell del pintor italiano Giovanni Boldini, Londres; Fotografía del año 1890 de Lord Colin Campbell; Autorretrato de Boldini.)

17 de noviembre de 2009

Una obra de Arte, una modelo y un gran pintor.



El más grande pintor francés del siglo XV lo fue Jean Fouquet (1420-1481). Situado el pintor entre el Gótico tardío y el Renacimiento, es considerado el iniciador de la escuela francesa de la Pintura. Educado no obstante en Italia, en donde desarrollaría gran parte de su obra. En el año 1450 le encargarían un díptico, el Díptico de Melun, un retablo articulado donde en una de sus tablas hay una representación muy curiosa de la Virgen María con el Niño...  En ese cuadro del díptico su imagen sagrada enseña claramente uno de los primeros pechos desnudos del Arte. De colores significativos y determinados, las figuras son de un blanco virtuoso y puro -la Virgen y su hijo- o de un azul y rojo atenuados -los ángeles-, dependiendo además que fuesen algunos querubines o serafines. Fue la primera vez que se mostraba un atributo sexual femenino en una obra de Arte sin motivo alguno, sin justificación especial alguna en la composición de una sagrada imagen.

Según una leyenda medieval la modelo de la Virgen fue una cortesana y amante del rey francés Carlos VII, Agnès Sorel, una de las mujeres por entonces más hermosas de Francia. El rey fue coronado por aquellos años, 1429, gracias además a otra legendaria mujer, Juana de Arco (1412-1431), la joven y santa doncella de Orleans, la mujer más heroica de Francia, la que se creyó además estar ungida por Dios para salvar a su país... Murió sacrificada en la hoguera por los enemigos de Francia, pero eso no impidió al rey francés conseguir luego el objetivo que ella se propuso: expulsar a los invasores ingleses de su reino.

(Imagen del cuadro La Virgen con el Niño, separado del díptico original, actualmente en el Museo de Bellas Artes de Amberes (Bélgica); Autorretrato del pintor Jean Fouquet -también al parecer situado originalmente en el díptico- y que se encuentra en el Louvre, París; Cuadro del pintor Ingres, Juana de Arco en la coronación de Carlos VII.)

10 de noviembre de 2009

Una santa, un misterio y el arte de su pintura.



Fue en la década de los años veinte del siglo XX cuando los integrantes de un grupo de Arte, denominado La nueva objetividad -movimiento que rechazaba el Expresionismo asumiendo ahora una tendencia más realista-, descubrieron por entonces la identidad y las impactantes obras de un pintor del Barroco francés, George de la Tour. Este pintor francés (1593-1652) se mantuvo durante tres siglos totalmente desconocido y sus obras asignadas a otros autores. Pero su tenebrismo, su capacidad para el contraste entre lo oscuro y lo visible, le habrían hecho merecedor de ser un gran genio de la Pintura. Pero, hay también otro misterio que se encuentra en lo que describen sutilmente algunas de sus obras. Estas dos pinturas representan a María Magdalena. En ambas no se vislumbra su rostro del todo, en ambas está la santa vestida de blanco y rojo (pasión y pureza), en ambas mira a la luz..., y en ambas se manifesta ahora claramente su vientre encinto... Es este un misterio que desde el siglo XVII se nos representaría, iconográficamente al menos, en la historia sagrada y profana de un personaje fascinante

Otros autores han retratado a la santa evangélica, la primera persona que descubriese al Mesías resucitado...  Ahora, una imagen de una mujer desconocida, retratada en años anteriores al Barroco, se ha tratado de atribuir su identidad a esta santa -Magdalena-, y su autoría al gran Leonardo da Vinci. Fue este lienzo reconocido siempre antes como una obra de un discípulo de Leonardo, Giampietrino, y titulada Retrato de mujer. Pero esta pintura tiene, no obstante, firmes defensores de ser una obra de Arte original del gran da Vinci y de representar además a la Magdalena... Un misterio, una leyenda y una historia que se cruzarán inevitablemente, pero que el Arte ha sabido poner de relieve, sesgadamente, el sempiterno e impenitente enigma sagrado de esa mujer: ¿quién fue realmente Magdalena y qué tipo de relación mantuvo con Jesús de Nazaret?

(Imagen de cuadros de George de la Tour: Magdalena en la penumbra, Museo del Louvre; Magdalena arrepentida, Museo Metropolitano de Nueva York; Cuadro Santa María Magdalena, de El Greco, Museo Bellas Artes de Budapest; Óleo Retrato de Mujer (Magdalena), atribuido a Leonardo da Vinci, colección particular; Cuadro Encuentro de María Magdalena con el Señor, de Martin Schongauer (pintor alemán 1448-1491), Museo de Unterlinden, Francia.)

8 de noviembre de 2009

La seducción seducida o el triunfo inevitable de cualquier seducción.



En la ciudad helénica de Alejandría, durante el Egipto del siglo IV después de Cristo, se originaría una leyenda que, como casi todas, sólo la verdad es lo único que no la asiste... Muchos siglos después, en el año 1839, una escritora religiosa benedictina alemana publicaría por entonces un pequeño relato sagrado, uno basado en esa leyenda egipcia de la antigüedad, La historia de Pafnucio y Thaís. En la narración decimonónica, la monja benedictina nos cuenta la curiosa conversión al cristianismo de una impúdica y vulgar cortesana (prostituta) egipcia. Vivía ella en Alejandría en aquel siglo IV y se llamaba Thaís. Fue convertida al cristianismo a causa de la fiel devoción misionera de un monje cenobita cristiano llamado Pafnucio. Posteriormente, Anatole France (1844-1924), escritor y poeta francés, desarrollaría un relato inspirado en esa sagrada historia, donde adornaría aún más la leyenda desacralizando (quitándole los adornos sagrados) la historia religiosa, convirtiéndola en un folletín más vendible o más propio para una ópera romántica que para un relato sagrado.

Y esa ópera la compuso otro francés, el músico Jules Massenet (1842-1912), que acabaría componiendo uno de los solos melodiosos más conocidos y famosos de la música clásica. Así ha pasado a la historia su famosa Meditación de Thais, un solo de violín magistral muy hermoso e inspirador. La leyenda contaba cómo la fama de cortesana -ramera- de Thaís llegaría hasta los oídos de aquel joven monje cenobita egipcio, un clérigo cristiano que, ahora demasiado ilusionado por su dedicación conversora, quiso entonces redimir a la perdida como fuese. Realizaría su trabajo tan eficaz y celosamente, tan fiel y consagradamente, que asombraría a la propia Thaís, quedando así esta convencida para siempre por el santo acontecer misionero de Pafnucio. Se convertiría la cortesana Thaís al cristianismo y se recluiría en un monasterio de monjas en el desierto egipcio. Pero para entonces aquel monje, maravillado por la belleza extraordinaria de esa mujer, no pudo más que reconocer en sí la inevitable atracción seductora de ella.

Después de haberla dejado enclaustrada en aquel monasterio, por tanto imposible verla más, Pafnucio no pudo ya olvidarla nunca... Habrían pasado muchos años y, aún así, él no puede olvidar ahora siquiera su sagrada, cautivadora y completa belleza. Le reprenden y le exigen al monje sus superiores que realice ayunos y rezos. El monje reza y duerme; y, en uno de sus sueños, ella se le aparece entonces, de pronto, bella y maravillosa... Decide Pafnucio ir a verla al monasterio. Pero, al llegar, sólo puede él encontrarla ahora enferma y moribunda. Ella lo reconoce y le agradece haberla salvado. Él le invoca ahora con tiernas palabras de amor... Pero, a pesar de todo su esfuerzo, ella expirará feliz; alejada ahora, sin embargo, de todas aquellas pasiones mundanas que la dominaron antes. Al final, la Iglesia haría santa a la bella cortesana egipcia, y él tan sólo pasaría a ser, mucho tiempo más tarde, un mero personaje de leyenda, luego un personaje más de una ópera romántica y, por fin, parte también de una sinfonía maravillosa...

(Imagen de la pintura del pintor Auguste Raynaud, Regando el jardín; Cuadro del pintor Ovidio Murgía de Castro 1871-1900, hijo de la famosa poetisa gallega Rosalía de Castro, Cabeza de Monje, Museo de Bellas Artes de La Coruña, España.)

Vídeo de la sinfonía Meditación de Thais:

 

6 de noviembre de 2009

La inocencia, el espurio interés, la concentración maléfica y el Arte salvador.



La seducción taimada a la inocencia es uno de los posibles motivos subliminales representados en este cuadro del pintor holandés Vermeer (1632-1675). La dama es ahora aquí la víctima inocente que, frente a un caballero que trata de seducirla taimadamente, es embriagada en una de las más ruines formas habidas de seducción espuria... En esta pintura Vermeer nos representaría, sin embargo, un escenario equilibrado y sobrio, con personajes seguros y confiados. El caballero simboliza aquí, a cambio de la inocencia de ella, la morada del interés más desalmado. Porque, además, no hay ninguna sensualidad en la imagen de ella ni en la del entorno. Es ahora aquí únicamente la jarra del caballero y la copa de la dama lo que simbolizará la desmesura, y centrará así el sentido equilibrado de la composición de la escena. En una silla de espaldas aparece un laúd, que nos indica ahora el instrumento que habría sido utilizado antes por el hombre para atraer, con su música melodiosa, el interés sutil, inconfesable y vil de su objetivo...

La atmósfera de la habitación representada es de una misteriosa sencillez. La ventana abierta nos ofrece ahora la imagen decorada de su vidriera, una decoración con figuras que, curiosamente, representan la templanza en algunos de sus atributos simbólicos: la escuadra -el obrar recto- y la brida -la represión de los afectos desmedidos-. Pero la seguridad que manifiesta ahora la expresión del caballero nos hace pensar que el pintor deseaba resaltar así el poder más oculto y oscuro de la escena confusa. Y así es como se traduce ahora en la imagen del personaje taimado, un hombre que mantiene su jarra firme en una clara actitud decisiva y tajante frente a la dama; una mujer que, sumisa y entregada, realiza sin dudar el acto al que ha sido invitada...

La pintora austríaca Friedl Dicker (1898-1944) compuso un remedo artístico del mismo cuadro de Veermer en el año 1943, mientras ella se encontraba recluida en un getto judío durante la Segunda Guerra Mundial. Acabaría sus días en el campo de concentración de Auschwitz. En el getto de Terezin (República Checa) aprovecharía la pintora para enseñarle a los niños allí recluidos el Arte... De no haber fallecido entonces, hubiese sido una de las grandes figuras pictóricas del siglo XX. A cambio, salvaría en esos terribles momentos de angustia y desesperación, con la grandiosidad y la caridad trascendente que ofrece el Arte, a la infancia más influida y vulnerable del mundo.

(Imagen del cuadro Dama bebiendo con un caballero, del pintor holandés Vermeer, 1659, Museo de Berlín; Cuadro Estudio sobre Vermeer..., de la pintora Friedl Dicker, Museo Juif, Praga, República Checa.)

4 de noviembre de 2009

La vanidad y la moderación en la vida y en el Arte.



El desconocido poeta español Andrés Fernández de Andrada había nacido en Sevilla en el año 1575 y muerto en Méjico en el año 1648. Fue un militar de los tercios españoles que acabaría sus días en la próspera Nueva España (México), desconocido de todos y en la más solitaria y absoluta pobreza. Ha pasado a la historia de la Literatura por un único y muy famoso poema suyo elegíaco, Epístola moral a Fabio. En él alabaría la moderación y la huida de la vanidad, de los reconocimientos sociales, o de las dignidades materiales... También, recogerá en su verso inspirado -el último aquí reseñado- la más bella de las metáforas líricas a la brevedad de la vida y sus semblanzas...


Busca, pues, el sosiego dulce y caro,
como en la oscura noche del Egeo
busca el piloto el eminente faro;
que si acortas y ciñes tu deseo
dirás: "Lo que desprecio he conseguido;
que la opinión vulgar es devaneo".
.....
Quiero, Fabio, seguir a quien me llama,
y callado pasar entre la gente
que no afecto a los nombres ni a la fama.
.....
Flor la vimos ayer hermosa y pura,
luego materia acerba y desabrida,
y sabrosa después, dulce y madura.
.....
Una mediana vida yo posea,
un estilo común y moderado,
que no le note nadie que le vea.
.....
Ya, dulce amigo, huyo y me retiro
de cuanto simple amé: rompí los lazos;
ven y sabrás al alto fin que aspiro
antes que el tiempo muera en nuestros brazos.

Versos sueltos de la Epístola moral a Fabio, del poeta español Andrés Fernández de Andrada,


(Imagen del cuadro de Tiziano (1477-1576) La Vanidad, Pinacoteca de Munich, Alemania; Pintura del pintor español y novohispano Miguel Cabrera (1695-1768), Serie de las Castas, Museo de América, Madrid; Grabado de Sevilla en el siglo XVI; Mural La Conquista, del pintor mexicano Diego Rivera 1886-1957.)

1 de noviembre de 2009

El Arte y sus creadores: una gran pintora heroica y un mediocre y cruel pintor.



En la historia de la Pintura han habido pocas mujeres creadoras. Pero algunas -casi siempre por un padre pintor- han pasado merecidamente a las reseñas del Arte. Una de ellas lo fue Artemisia Gentileschi (1597-1654), hija del pintor Orazio Gentileschi (1563-1639). De gran talento artístico, su padre la confiaría a un maestro pintor para que aprendiese y desarrollase su Arte barroco, ya que las Academias de entonces no admitían en ningún caso a mujeres pintoras. El preceptor elegido por Orazio para su hija fue el artista Agostino Tassi (1566-1644), un pintor italiano clásico, paisajista y experto en los trampantojos o técnicas pictóricas para engañar la vista del espectador. En el año 1612 el pintor Tassi violó a Artemisia Gentileschi. Como ya estaba el pintor casado, el padre de Artemisia lo acusaría ante un tribunal eclesial. Los métodos que se utilizaban entonces para observar la credibilidad de los testigos eran brutales. Artemisia tuvo que sufrirlos, además.

Al final, Tassi fue condenado y el drama vivido por ella se representaría en la historia del feminismo posterior como una lucha más de la mujer. En algunos de sus cuadros, por ejemplo en Judith decapitando a Holofernes (leyenda bíblica de la iniciativa de la judía Judith ante el jefe enemigo babilonio Holofernes), se observa la fuerza del obsesivo deseo lógico de venganza de la pintora Artemisia. Ella se casaría poco después con un pintor mediocre y de ese modo pudo salvar su prestigio y honor. Fue una extraordinaria pintora del Barroco, una creadora que supo reflejar, dentro de un mundo varonilmente influyente, su propio estilo artístico, su fuerte, conseguido, vibrante, bello y muy dramático estilo personal.

(Cuadros de Artemisia Gentileschi: Magdalena penitente y Susana y los viejos, Galería Palatina, Florencia, y Colección Schönborn, Alemania, respectivamente; Cuadro del pintor Agostino Tassi, Competición en la Colina Capitalina, Museo Capitolino, Roma; Cuadro de Orazio Gentileschi, José y la mujer de Putifar, Colección real del Castillo de Winsord, Inglaterra; Cuadro de Artemisia Gentileschi, Judith decapitando a Holofernes, Galería de los Uffizi, Florencia.)

31 de octubre de 2009

Un mismo río, un mismo lugar y un tiempo distinto.



Los escenarios de un mismo lugar espacial son tan diferentes con el tiempo... como una vida es tan diferente a otra. Así mismo, en el encuadre de una imagen determinada se buscará entonces a veces el momento más que el lugar, y por eso lo importante no será ya el espacio sino el tiempo... Lejos del tipismo es como se encuentra el alma profunda de las cosas. Es ahora así como se enmarcará la realidad mejor, con esas imágenes diferentes a lo cotidiano. Aunque éstas parezcan ahora más calmosas, sosegadas o casi poéticas... que la misma realidad. O, ¿es que es así también la realidad?

(Fotografías del muelle de ambas orillas del río Guadalquivir a su paso por Sevilla, 2009; Imágenes del mismo lugar hace 100 años; Imagen de un grabado del siglo XVI de Sevilla.)

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